¡No abras la puerta!

A nadie le gusta complicarse la vida. Sin embargo, todo el mundo acaba haciéndolo de una manera u otra. Debe haber algo innato en el ser humano que tienda a ello.
Sin ánimos de ponerme transcendental, cualquiera, viendo una película, ha gritado alguna vez con nerviosismo:“¡No! ¡No abras la puerta!…” Y claro, el/la protagonista la abre. Cualquiera podría saber que detrás de la puerta está el peligro, aún así, y para que exista una historia, es necesario que el/la protagonista corra ese evidente riesgo y la abra. De lo contrario, ¿de qué demonios iba a tratar la película? Supongo que es lo que pasa con la vida, ¿no? A veces hace falta abrir puertas para saber que estamos viviendo. Lo que también suele ocurrir, es que casi siempre hay alguien, que como con las películas, nos avisa que no debemos abrir la puerta. Pero como con las películas, “el/la protagonista“, no le escucha.

¿Y no has pensando en abrir los cajones de uno mismo para ver lo que esconde lo más profundo de su ser? Como los personajes de los cuadros de Dalí que salen con lo irracional para fuera ya que los cajones de su cuerpo estan abiertos. A mi, a dia de hoy me daría miedo abrir el cajón pero no la puerta. A veces lo que esconde uno mismo de él es más terrible que el mundo en sí, y eso que vaya mundo que tenemos…Ciao!

Interesante tu aportación sobre los cajones Delirante. Sí, es cierto que dentro de una/o misma/o siempre hay algo que desconoce. Yo no diría tanto sobre si es terrible o no. A veces hay quien se cree terrible y dentro de sí tiene cosas buenísimas que jamás conocerá. Desde luego el ejercicio de abrir los cajones es tan arriesgado como el de abrir puertas.

Un saludo!

Es infinitamente más interesante abrir puertas -también las interiores- que dejarlas cerradas -más cómodo, más estable, y aburrido como la muerte-.