El domingo me levanté creyendo que era lunes. Ayer creía que noviembre aún estaba por venir y en cambio está acabando. En fin, que estoy algo despistada…
(Escuchando: “She’s electric” - Oasis)
Enchufada hasta que la red aguante...
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El domingo me levanté creyendo que era lunes. Ayer creía que noviembre aún estaba por venir y en cambio está acabando. En fin, que estoy algo despistada…
(Escuchando: “She’s electric” - Oasis)
Sus pasos devoraban el silencio. Eran firmes. Respondían con el extraño crugir de las suelas de los zapatos. Su mente, mientras tanto, crugía de impaciencia. Dirigía la vista hacia el gran reloj, que colgaba de la pared, a cada momento. Aunque a veces parecía no verlo realmente. Bebí un trago de mi refresco y ello pareció molestarle. Su mirada directa y cortante me obligó a devolver el vaso a la mesa. Permanecimos allí un buen rato aún. Con su impaciencia. Con el crugir de las suelas de sus zapatos. Con mi sed. Hasta que finalmente pronunció las palabras que yo tanto deseaba oír: “Vámonos de una vez”, y yo me alegré. Eso sí, creo que si tomó esa decisión, fue porque era incapaz de recordar qué había estado allí esperando durante tanto tiempo…
A veces cuesta mucho callar. No decir lo que no se debe… ¿Qué digo? No, no es verdad, a mí no me cuesta callar. Absolutamente nada. Es por eso, porque callo demasiado. Aquí está la muestra, en este blog. Está lleno de silencios más que de palabras. De fechas en el calendario que no han sido marcadas porque no han existido post para ellas. Palabras, palabras, palabras… Las amo y las odio a la vez. No las odio. Me maltratan a veces. Por querer salir cuando no deben. Y cuando quiero que salgan se vengan. ¡De mí! Increíble, ¿verdad? Es el peso de todo. El de las palabras también. Pero el mío, sobre todo el mío. Porque callo más que escribo…
(Escuchando: “I’m so stupid” - Madonna)
Noté como se lo llevaba todo. Incluso la mala conciencia. Cargó con todo en su maleta y de la misma manera en que se arrastra a veces la vida, arrastraba ella aquella maleta en la que todo había tenido que meter. Todas aquellas vivencias. Las virtudes y las desgracias de las que tanto había aprendido. Soñó después con la cabeza apoyada en esa misma maleta, mientras esperaba el tren de vuelta. Todo lo llevaba allí. Incluso las palabras que debieron haberle servido para despedirse y que no utilizó…
(Escuchando: “Inside” - Patti Rothberg)