Sus pasos devoraban el silencio. Eran firmes. Respondían con el extraño crugir de las suelas de los zapatos. Su mente, mientras tanto, crugía de impaciencia. Dirigía la vista hacia el gran reloj, que colgaba de la pared, a cada momento. Aunque a veces parecía no verlo realmente. Bebí un trago de mi refresco y ello pareció molestarle. Su mirada directa y cortante me obligó a devolver el vaso a la mesa. Permanecimos allí un buen rato aún. Con su impaciencia. Con el crugir de las suelas de sus zapatos. Con mi sed. Hasta que finalmente pronunció las palabras que yo tanto deseaba oír: “Vámonos de una vez”, y yo me alegré. Eso sí, creo que si tomó esa decisión, fue porque era incapaz de recordar qué había estado allí esperando durante tanto tiempo…
Nadie ha dicho nada
Seguir los comentarios para esta entrada
Trackback link
http://www.guerrera-online.com/app/enchufada/2004/11/19/improvisacion_10/trackback/