December 2004

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Tal vez no pueda decirlo luego, así que lo digo ahora, ¡FELIZ NOCHE DE FIN DE A�O! Y para el nuevo año que va a comenzar que sea mucho mejor que el 2004 que falta hace.

:D ¡Hasta el 2005!! :wave:

Por cierto, ¡todavía me quedan 9 invitaciones GMail! :roll:

Era sólo una hoja de papel arrugada entre otro montón de hojas de papel. Al fondo de un armario, en una carpeta, dentro de una caja. Arrugada y vieja. Había algo escrito a lápiz. Borroso pero legible. Una letra extraña. Furiosa. Pero también inocente. Primero no la reconocí, pero era mía. Mi propia letra, que deformada expresaba sentimientos que ahora me eran extraños. Leí las palabras que tanto tiempo habían esperado mi lectura. Pero no comprendí lo que querían decir. Ya no podía sentirme igual. Tal vez por eso las escribí. Para poder recordarlas cuando las hubiese olvidado…

Me confundo sin remedio y espero por pura obsesión.

Mañana (o sea, hoy), empieza una nueva semana. Y la nueva semana acabará también con el presente año. Hay quien hace balance y esas cosas, piensa en lo bueno y en lo malo que les ha pasado durante el año y todo eso. En televisión también lo hacen. Yo no. Ya lo he vivido, y lo importante creo que no lo olvidaré, y lo que no lo es pues… bueno, si no lo es, me dará igual olvidarlo.

Sea como sea, cuando está a punto de acabar el año siempre tengo ganas de que acabe. Y luego lo que cuesta acostumbrarse a escribir el nuevo año en las fechas…

Otra cosa: Hoy medio en sueños he dicho algo de una mujer pequeña en un móvil. Cuando me han preguntado que qué era eso de “una mujer pequeña en un móvil” yo he respondido: “Pues no sé, ¿un mensaje multimedia?” En fin, que se me va la pinza, y eso que estas navidades no he llegado a emborracharme.

Por cierto, se adelantan las rebajas y tengo diez, ¡sí, 10! invitaciones para GMail, a quien le apetezca tener una cuenta de correo de 1 Gigabyte, no tiene más que dejar comentario y un e-mail para que pueda mandarle la invitación.
;)

Los del INEM son unos tocanarices. Me tienen harta.

A veces el silencio se convierte en enemigo. A veces ni siquiera escuchamos mientras alguien habla. A veces ni nos enteramos cuando alguien grita. A veces cuando creemos que ha llegado el momento, éste ya se ha ido.

No lo hago a propósito de verdad, pero he pensado que la absurda anécdota que estoy a punto de contar tiene, de alguna manera, relación con las anteriores.

Y es que hoy he ido a comprar, tenía la nevera casi vacía (o tal vez así la veía yo…) y cuando ya he pagado y antes de salir del establecimiento he hecho algo que rara vez tengo la costumbre de hacer: Revisar la cuenta. Porque esto siempre debe hacerse, yo lo sé. Pero normalmente acabo tan agobiada que lo único en que pienso es en salir del super. Hoy además, estaba especialmente desesperada por salir, me he agobiado nada más entrar, porque he visto que habían cambiado la disposición de las cajas y los carros. En todas partes hay “un luces” que no tiene nada mejor que hacer que hacerle la vida más difícil a los demás, y sin duda, a quien se le haya ocurrido la nueva distribución es uno de “esos”. El hilo musical sonaba a Navidad, Navidad, compra, compra, que luego pagarás… Había más gente de la que esperaba que hubiera por la hora, y estaban reponiendo casi todo. En fin, horror en el supermercado, que cantaba Alaska… Así que no sé qué extraño motivo me ha inducido hoy a mirar la cuenta para comprobar que me habían cobrado 1,20Â? de más por la compra de un producto del cual sólo había comprado una unidad. Así que se lo digo a la cajera después de comprobar mil veces que realmente no hubiera cogido dos unidades (¡que de todo se aprende!) y la chica sin ponerme ninguna pega me devuelve el dinero y me pide disculpas. Pues nada, que no importa, si es que es normal, no importa. Pero yo con mi 1,20Â? de vuelta al monedero. Que sí, que sí, que luego hacen falta y no se tienen…

Esta vez sí, tenía yo razón. ¡Menos mal!

Cobardemente fui ayer por la tarde a la biblioteca deseando que no estuviera el mismo bibliotecario al que hice buscar el CD. Y no, no estaba. Me acerqué a la bibliotecaria que había, le sonreí pensando: Aquí no ha pasado nada, y ella feliz en su ignorancia de no saber quien narices era yo recogió el CD con amabilidad, y yo aproveché para ir rápido hasta la puerta.

Pero de todo se aprende, así que procuraré asegurarme la próxima vez. Porque antes de llegar a casa el sábado les puse verdes, que si ya les vale, ahora me cargan a mi el no haber llevado una cosa que sí he llevado y blablabla… ¡Qué fácil es criticar!

Que últimamente estoy siendo más despistada de lo habitual, era algo que ya había notado, pero hay situaciones que le restan credibilidad a una y eso sí que no. El otro día fui a la biblioteca a devolver unos libros y extender el préstamo de otro, cuando me avisan que tengo un CD que no devolví. “¿Cómo?” Y yo les maldigo, porque pienso que no puede ser, que lo he devuelto todo puntualmente y que el CD del que me hablan, ya lo devolví junto con otro, la semana pasada. La bibliotecaria, que no, que no le sale en el ordenador y que vaya a la planta de audiovisuales para que lo busquen. Y vaya si voy a la planta de audiovisuales… Mostrándome extrañada y confusa le explico al bibliotecario que me atiende que debe tratarse de un error, que estoy segura de haberlo devuelto y que para nada he dejado de devolver ese CD. El chico debe verme tan sincera y segura de mis palabras que se levanta de su silla para buscar el CD entre el resto. Y vuelve y me dice que no, que no está, que ya volverán a buscar a ver si lo encuentran. Me voy preocupada y pensando en la incompetencia de algunas personas y cuando llego a casa… ¿lo adivinais? Sí, allí lo tenía, donde siempre los dejo cuando los tengo que devolver, pero debajo de una caja de CD vacía. Mil perdones. Un error es un error, ¿no? Eso sí, mañana me planto allí y lo devuelvo. No quiero pasar ni un día más bajo el mismo techo que el “cuerpo del delito”.

(Escuchando: “New Sensation”-INXS)

Pisando asfalto recorrió aquella tarde la distancia suficiente como para saber que seguía sin destino. Las calles, llenas de gente abrigada e impaciente. Las carreteras saturadas de vehículos sin alma. Y sus pasos sin saber hacia donde seguir. Paró frente a algunos escaparates, pero no distinguió nunca a nadie que pareciera conocerle. Ni siquiera cuando miraba hacia los espejos. Estaba demasiado lejos de todas partes. Tal vez incluso, hasta de ella misma y volver atrás le pareció poco deseable. Pensó que sería mejor continuar el camino, aunque ya no recordara por qué lo había comenzado.

Asfalto - Lluvia

(Escuchando: “The Road to Mandalay” - Robbie Williams)

Dicen que las adicciones no se dejan nunca, yo diría que simplemente ocurre que cuando una se deja se coge otra. No, no he vuelto a fumar (y ya van… ¡10 meses!). Ahora me he vuelto adicta a las extensiones de Mozilla Firefox, un gran navegador, sin duda… Se le puede sacar mucho más provecho que al de siempre, sí, ya sabéis… el Explorer de Microsoft… Que no es que me quiera yo meter ahora a trapo en esto de la guerra de navegadores, pero las cosas como son, ale.

El otro día estaba yo en una librería-papelería buscando entre las estanterías, cuando a mis espaldas oigo una voz femenina que afirmaba más que sugería: “Porque… ¿no será lesbiana esa chica?” Yo de verdad que no soy de las que se da por aludida fácilmente, pero es que no había más remedio. Claro, yo allí, pensando: “De espaldas y se me ha notado!?” Y claro, que primero como que me mosqueo, y conforme me voy girando (todo esto lo explico a cámara lenta, pero que conste que sucedió en milésimas de segundo), pienso yo que hay que ver que día llevo, y que esa voz, aunque no la haya reconocido, probablemente sea de alguien que conozco y que está de cachondeo, así que me cambia la cara y voy preparando una respuesta ingeniosa. Todo esto por supuesto no sirve de nada, porque veo como una chica y un chico, a los que por supuesto no conocía de nada, siguen con su conversación, que a pesar de la casualidad de que yo estuviera allí y los escuchara y realmente sea lesbiana, no tiene nada que ver conmigo. Y ella le seguía diciendo a él: “Porque vamos, esos regalos que hace y las cosas que dice…” Y él, con cara de “bueno, ¿y a mí qué?”: “Pues no sé, no sé”. Y ella insistía: “A ver si es que le gusta tu hermana…” Y él que definitivamente se desentiende: “Pues no sé, yo no se lo voy a preguntar”. ¡Pues claro que no chaval! Bien dicho, pues si la chica quiere ligar con tu hermana y tu hermana quiere ligar con ella, pues mejor que mejor, no vayas a meterte tú o la “chafarda” de tu ¿novia? y vayais a fastidiarle el plan, ¿no? No escuché nada más, porque la parejita en cuestión creo que se dirigieron a caja y yo me quedé allí, mirando a la estantería haciendo como que buscaba pero sin buscar porque entonces ya me preocupaba más aquella chica a la que, por lo que había escuchado, habían sacado del armario a cuchicheo limpio…

(Escuchando: “Vogue”- Madonna)

El otro día me dijo mi madre que la llamaron por teléfono, esto no tendría la menor importancia si no fuera porque contaron el cuento ese de que llamaban de correos y que tenía que ir a buscar un paquete. Para más referencias debía llamar a un 806nosécuantos… Mi madre que es más lista que el hambre les fue siguiendo el rollo, “que sí, que sí que ya apunto el número” y la chica al otro lado “uy señora, que rápido, ¿seguro que lo ha anotado bien”, y mi madre que se harta de hacer el papelón y va y le suelta: “¡Anda y vete a la porra!” y cuelga el aparato. Jejeje… ¡olé mi madre!
Pues eso, que ojito con los teléfonos, ¡a la porra con tanto timo!

Por cierto, y ya que llevo tanto sin escribir por aquí, actualmente estoy leyendo: “Historia de dos ciudades” de Charles Dickens.

(Escuchando: “I am a Passenger” - Iggy Pop)