La posesión de la verdad-III

No lo hago a propósito de verdad, pero he pensado que la absurda anécdota que estoy a punto de contar tiene, de alguna manera, relación con las anteriores.

Y es que hoy he ido a comprar, tenía la nevera casi vacía (o tal vez así la veía yo…) y cuando ya he pagado y antes de salir del establecimiento he hecho algo que rara vez tengo la costumbre de hacer: Revisar la cuenta. Porque esto siempre debe hacerse, yo lo sé. Pero normalmente acabo tan agobiada que lo único en que pienso es en salir del super. Hoy además, estaba especialmente desesperada por salir, me he agobiado nada más entrar, porque he visto que habían cambiado la disposición de las cajas y los carros. En todas partes hay “un luces” que no tiene nada mejor que hacer que hacerle la vida más difícil a los demás, y sin duda, a quien se le haya ocurrido la nueva distribución es uno de “esos”. El hilo musical sonaba a Navidad, Navidad, compra, compra, que luego pagarás… Había más gente de la que esperaba que hubiera por la hora, y estaban reponiendo casi todo. En fin, horror en el supermercado, que cantaba Alaska… Así que no sé qué extraño motivo me ha inducido hoy a mirar la cuenta para comprobar que me habían cobrado 1,20Â? de más por la compra de un producto del cual sólo había comprado una unidad. Así que se lo digo a la cajera después de comprobar mil veces que realmente no hubiera cogido dos unidades (¡que de todo se aprende!) y la chica sin ponerme ninguna pega me devuelve el dinero y me pide disculpas. Pues nada, que no importa, si es que es normal, no importa. Pero yo con mi 1,20Â? de vuelta al monedero. Que sí, que sí, que luego hacen falta y no se tienen…

Esta vez sí, tenía yo razón. ¡Menos mal!

…oye… con ese 1′20€ te puedes ir a tomar un café!

avisame y quedamos! ;-) saludos!

Jejeje… Vale! Te aviso! ;-)
Saludos!!!