Desconocida

Era sólo una hoja de papel arrugada entre otro montón de hojas de papel. Al fondo de un armario, en una carpeta, dentro de una caja. Arrugada y vieja. Había algo escrito a lápiz. Borroso pero legible. Una letra extraña. Furiosa. Pero también inocente. Primero no la reconocí, pero era mía. Mi propia letra, que deformada expresaba sentimientos que ahora me eran extraños. Leí las palabras que tanto tiempo habían esperado mi lectura. Pero no comprendí lo que querían decir. Ya no podía sentirme igual. Tal vez por eso las escribí. Para poder recordarlas cuando las hubiese olvidado…

Más o menos esa sensación es la que tenemos todos cuando leemos una carta de San Valentín de nuestra niñez, o una simple lista de la compra, que no sabes cómo, fue a parar en el bolsillo de unos vaqueros al último cajón del armario…
Un día, cuando vas a donar esa ropa al tercer mundo, después de tres años en desuso, la ves, y tiene un cariz extraño, como de una época pasada, como de… Un tiempo que ya no volverá…
Y comienzas a recordar anécdotas de aquél día, y de aquél tiempo, amigos que ya no ves, lugares que ya no volverán a ser como antes…
Me gusta esa sensación, pero al mismo tiempo me causa desconcierto.

Este año nos hemos mudado de casa y mientras esto pasaba yo vivia en Madrid. Al llegar busqué mi caja de zapatos y la abrí para asegurarme que todavia estaban ahí. Mis letras describian, como tu dices, sentimiento que ahora son ajenos a mi pero que un dia me hicieron llorar y sufrir.
Muchas cartas de amor, muchas mias. Vergüenza, desilusion o descubrimiento. No se muy bien lo que saqué en claro al leer cada uno de los papeles de la caja.
Escogí las dos hojas más importantes: una tarjeta que resumía mi primer amor en una frase y una hoja llena de sentimientos extraños que dan dolor de barriga.

He tirado la caja a la basura y me quedé con la esencia. Guardar basura no es bueno, son desechos.

Nunca me han gustado los diarios…