Las calles empiezan a adornarse con las típicas luces navideñas, sí, aunque todavía no las enciendan , las bombillas pronto iluminarán las calles y nos recordarán, por si no nos habíamos dado cuenta, que ya ha llegado esa época del año. Esa época en la que si ves a un calvo soplándote por la calle, lo mejor será que corras a una administración de lotería a comprar un décimo, porque tal vez, a partir del 22 de diciembre tu vida cambie. Y es que esa ilusión siempre está ahí, se juegue mucho o poco, en mi caso, que no es que compre mucha lotería, creo que es hereditario. Pasé mi infancia oyendo las aspiraciones que tenía toda persona adulta que me rodeaba de que le tocara la lotería. Por supuesto, nunca vi que eso sucediese más que en pequeñas cantidades. Excepto un año en que les tocó a unos vecinos. La suerte cayó un piso más abajo y ello alimentó la ilusión de los siguientes años de que también nos tocara alguna vez. Quien sabe, tal vez este año seas tú…

Pues yo creo he sido la unica persona que no ha comprado el tipico-casi-obligado décimo de la empresa.
Será como dice mi padre, que así seguro me toca la devolución, jajaja.

un saludo!