Todo en ella era previsible, los pasos que daba. Los silencios que precedían a los arrebatos de locura. La expresión de su rostro cuando encendía la luz y se deslumbraba. El movimiento inquieto de sus cinco dedos sobre la mesa. Su forma de llenar el vaso de agua. De cerveza. De vino. De lo que fuera. Todo en ella era previsible, menos que se marchara de aquella forma. Me pareció ver una figura andante desconocida, un cuerpo que se movía con una agilidad distinta. Una voz que decía adiós de una manera en que nunca antes lo había dicho. Es que no lo dijo. Jamás había dicho adiós antes. Sólo aquella vez. “Adiós.” Y sonó como parte del aire que la envolvía. Un mismo velo que cubriera a la persona que yo había conocido. Y sobre ese velo, esa voz distinta. Ese “adiós” que aún recuerdo…
2 valientes han comentado
Seguir los comentarios para esta entrada
28 Noviembre 2005 - 11:03
Gema
Este texto es precioso, me encanta. En parte pq me siento identificada, mi “adiós” aun me duele, pero era inevitable y era consciente de ello. Cambiando de tema, me gusta tu blog. Congratulations
29 Noviembre 2005 - 00:42
guerrera
Gracias por el comentario Gema
Me alegro de que te hayan gustado el texto y el blog. ¡Vuelve pronto!
P.S. Los “adioses” son así a veces, espero que deje de dolerte pronto.