Ni equilibrios ni sorpresas. Sólo dos palabras más… Dos palabras.
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Por ejemplo este:

Desde que existe Gmail me pregunto porque hay quien todavía usa esas cuentas de correo de Hotmail y vía Alt1040, leo este post de Cartas desde ningún lugar, donde se compara ambos servicios de correo electrónico y da unas cuantas razones para quien aún no tenga claro por qué utilizar el correo de Google.
(Esto lo iba a publicar esta mañana, no pudo ser, pero nunca es tarde…)
Paradójico resulta que escriba este post por la noche con la idea de revisarlo por la mañana y publicarlo entonces y no ahora. Quizás de esta manera me esté preparando para el día de mañana deseando olvidar un poco el de hoy. Digo un poco porque no ha sido tan malo pero cierta situación me ha hecho pensar ¿por qué los malos sentimientos? Esto me recuerda a un post que publicó Gema en su blog hace unos días, hablaba (si no recuerdo mal, luego lo reviso) sobre la envidia sana y negaba que pudiera existir. ¿No puede ser sana la envidia?
Bueno, voy a intentar aportar mi visión: Sana no sería una característica de la envidia sino un acompañante inesperado. Digamos que la envidia por definición es un mal sentimiento, pero que en algunos casos se equilibraría gracias a otro. Por ejemplo: A alguien le pasa algo muy bueno, tú querías que también te pasara, sientes envidia, envidia mala, “¿por qué no a mí?” y todas esas cosas… Pero, detallemos un poco los hechos, a quien le pasa esa cosa buena es alguien cercano a ti, muy querido, alguien que sabes que ha luchado mucho por conseguir que le pasara eso… ¿no cambian un poco los sentimientos? La envidia la tienes porque deseas lo que no tienes y encima lo que deseas lo tiene alguien que no eres tú, pero de diferente manera porque también te alegras por esa persona, sabes que lo merece, que va a disfrutarlo, que va a ser un poco más feliz… Envidia sana. Equilibrio.