La noticia es del lunes, pero no he podido quitármela de la cabeza asà que la comento aquà y me despacho a gusto:
A un diputado europeo se le ocurrió la idea de sugerir un cobrar un impuesto por el envÃo de sms y correo electrónico. La noticia del lunes.
Posteriormente han aclarado que lo del cobro del impuesto en el caso del correo electrónico fue “un error”… aunque que queréis que os diga, suena a “uy, que no ha colado”. ¿Cómo se le habrá ocurrido semejante barbaridad (o “error”? Como si el avance tecnológico no estuviera ya sufriendo bastante por culpa de la SGAE, ahora a cobrar por enviar correo electrónico, ya… y luego que le pongan también un impuesto a los mecheros y todos a frotar palos y piedras para hacer fuego, ¿no? :-/
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Siempre estaba muy nerviosa. Era asÃ, inquieta. La veÃa siempre con los dedos muy cerca de su boca, mordisqueando sus uñas, escupiéndolas con disimulo. Nerviosa, muy nerviosa. Siempre parecÃa preocupada, siempre parecÃa que buscaba algo. DebÃa ser una respuesta. Algo que sólo ella se pudiera responder. Miraba al vacÃo y mordÃa sus uñas. Sus movimientos inquietos, no podÃa estar mucho rato sin moverse. Nerviosa, muy nerviosa. Y los mismos nervios se la comieron poco a poco. Yo lo veÃa, estaba claro que sucederÃa. Ella mordÃa sus uñas. Los nervios se la comÃan a ella. Era una cadena. El pez que se muerde la cola. Ella mordÃa sus uñas, los nervios se la comieron a ella. Un dÃa, asÃ, de repente. Ã?ltimamente estaba muy delgada, “los nervios“, decÃa todo el mundo. Y asà fue, “los nervios” se la acabaron comiendo. Nunca más la volvimos a ver…
La semana pasada volvieron a repetir ese capÃtulo de los Simpsons en el que Homer crea su propio sitio web, buenÃsimo… y he recordado que ese sitio existe, aquà está el enlace a la página de Homer, perdón, “Mr. X”
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Lo he visto en Simbionte.org y no me he podido resistir,
Ninjaaaa!!!!!
Lo sé, lo sé… pierdo la cabeza por momentos… ![]()
Una excelente reflexión sobre la importancia del software libre: “El software libre como conciencia”.
Otra forma de ver las cosas…

La noche pasada tuve un sueño la mar de curioso, asà que para darle más contenido a la categorÃa “Contando ovejas“ os lo explico:
Me habÃa ido de excursión, no sé muy bien adónde, pero iba con más gente, un grupo de amigas, algunas personas a las que hace tiempo que no veo, pero también habÃa gente a la que no conocÃa. Nos quedábamos a dormir en un piso que alguna de las desconocidas habÃa alquilado para ese fin de semana y cuando Ãbamos a salir del piso para ir a ver cosas del lugar donde estábamos, descubrÃa que en un armario habÃan un montón de cámaras de video, asà que cogÃa una para mà y otra para otra amiga que nos acompañaba y nos pasábamos el resto del dÃa grabándolo todo. Al final del dÃa, cuando ya Ãbamos a abandonar el sitio me ponÃa a pensar sobre la procedencia de las cámaras y recordaba que una de mis amigas que habÃa venido a la excursión, antes habÃa estado en Andorra y habÃa venido directamente desde allÃ, asà que me daba cuenta de que probablemente las cámaras eran suyas. Le preguntaba y me decÃa que sÃ, que las habÃa traÃdo para venderlas y como yo habÃa estado todo el dÃa con la cámara y me habÃa encantado la experiencia le pregunté por cuánto me la venderÃa, “238 euros“, me decÃa. AsÃ, ni uno más ni uno menos, y yo ilusionadÃsima, porque estaba muy bien, una cámara por ese precio, y lo bien que iba… asà que no me resistà y le dije que sÃ, que se la compraba y que se la pagarÃa a la vuelta.
Menudo afán consumista me ha dado en este sueño… pero era un chollo, ¿eh? ![]()
Nunca le gustaron los juegos de azar, ni las máquinas, ni la ruleta, los dados… ni siquiera las cartas o la loterÃa. Su paciencia no estaba hecha para esperar el resultado de algo tran arbitrario. Si hacÃa algo era porque conocÃa el resultado de antemano. En su vida no habÃa margen para errores y cuando le propusieron aquel estúpido juego, cualquiera de las personas que le conocÃa hubiera jurado que no aceptarÃa participar. Pero extrañamente dijo que sà y cuando las manos acabaron los rápidos y confusos movimientos, señaló uno de los tapones bajo los cuales se escondÃa la bola. Evidentemente la bola no estaba allÃ, probablemente en ninguna parte. El trilero rió, guardó el dinero y continuó con lo suyo mientras otros probaban suerte.
