May 2006

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La noticia es del lunes, pero no he podido quitármela de la cabeza así que la comento aquí y me despacho a gusto:
A un diputado europeo se le ocurrió la idea de sugerir un cobrar un impuesto por el envío de sms y correo electrónico. La noticia del lunes.
Posteriormente han aclarado que lo del cobro del impuesto en el caso del correo electrónico fue “un error”… aunque que queréis que os diga, suena a “uy, que no ha colado”. ¿Cómo se le habrá ocurrido semejante barbaridad (o “error”? Como si el avance tecnológico no estuviera ya sufriendo bastante por culpa de la SGAE, ahora a cobrar por enviar correo electrónico, ya… y luego que le pongan también un impuesto a los mecheros y todos a frotar palos y piedras para hacer fuego, ¿no? :-/

Siempre estaba muy nerviosa. Era así, inquieta. La veía siempre con los dedos muy cerca de su boca, mordisqueando sus uñas, escupiéndolas con disimulo. Nerviosa, muy nerviosa. Siempre parecía preocupada, siempre parecía que buscaba algo. Debía ser una respuesta. Algo que sólo ella se pudiera responder. Miraba al vacío y mordía sus uñas. Sus movimientos inquietos, no podía estar mucho rato sin moverse. Nerviosa, muy nerviosa. Y los mismos nervios se la comieron poco a poco. Yo lo veía, estaba claro que sucedería. Ella mordía sus uñas. Los nervios se la comían a ella. Era una cadena. El pez que se muerde la cola. Ella mordía sus uñas, los nervios se la comieron a ella. Un día, así, de repente. Ã?ltimamente estaba muy delgada, “los nervios“, decía todo el mundo. Y así fue, “los nervios” se la acabaron comiendo. Nunca más la volvimos a ver…

La semana pasada volvieron a repetir ese capítulo de los Simpsons en el que Homer crea su propio sitio web, buenísimo… y he recordado que ese sitio existe, aquí está el enlace a la página de Homer, perdón, “Mr. X:) .

Lo he visto en Simbionte.org y no me he podido resistir, :D Ninjaaaa!!!!!

Un ninja animado escribe Guerrera

Lo sé, lo sé… pierdo la cabeza por momentos… ;)

Una excelente reflexión sobre la importancia del software libre: “El software libre como conciencia”.

Otra forma de ver las cosas…

Entre ramas

La noche pasada tuve un sueño la mar de curioso, así que para darle más contenido a la categoría Contando ovejas os lo explico:
Me había ido de excursión, no sé muy bien adónde, pero iba con más gente, un grupo de amigas, algunas personas a las que hace tiempo que no veo, pero también había gente a la que no conocía. Nos quedábamos a dormir en un piso que alguna de las desconocidas había alquilado para ese fin de semana y cuando íbamos a salir del piso para ir a ver cosas del lugar donde estábamos, descubría que en un armario habían un montón de cámaras de video, así que cogía una para mí y otra para otra amiga que nos acompañaba y nos pasábamos el resto del día grabándolo todo. Al final del día, cuando ya íbamos a abandonar el sitio me ponía a pensar sobre la procedencia de las cámaras y recordaba que una de mis amigas que había venido a la excursión, antes había estado en Andorra y había venido directamente desde allí, así que me daba cuenta de que probablemente las cámaras eran suyas. Le preguntaba y me decía que sí, que las había traído para venderlas y como yo había estado todo el día con la cámara y me había encantado la experiencia le pregunté por cuánto me la vendería, “238 euros“, me decía. Así, ni uno más ni uno menos, y yo ilusionadísima, porque estaba muy bien, una cámara por ese precio, y lo bien que iba… así que no me resistí y le dije que sí, que se la compraba y que se la pagaría a la vuelta.
Menudo afán consumista me ha dado en este sueño… pero era un chollo, ¿eh? ;-)

Nunca le gustaron los juegos de azar, ni las máquinas, ni la ruleta, los dados… ni siquiera las cartas o la lotería. Su paciencia no estaba hecha para esperar el resultado de algo tran arbitrario. Si hacía algo era porque conocía el resultado de antemano. En su vida no había margen para errores y cuando le propusieron aquel estúpido juego, cualquiera de las personas que le conocía hubiera jurado que no aceptaría participar. Pero extrañamente dijo que sí y cuando las manos acabaron los rápidos y confusos movimientos, señaló uno de los tapones bajo los cuales se escondía la bola. Evidentemente la bola no estaba allí, probablemente en ninguna parte. El trilero rió, guardó el dinero y continuó con lo suyo mientras otros probaban suerte.