Siempre estaba muy nerviosa. Era asÃ, inquieta. La veÃa siempre con los dedos muy cerca de su boca, mordisqueando sus uñas, escupiéndolas con disimulo. Nerviosa, muy nerviosa. Siempre parecÃa preocupada, siempre parecÃa que buscaba algo. DebÃa ser una respuesta. Algo que sólo ella se pudiera responder. Miraba al vacÃo y mordÃa sus uñas. Sus movimientos inquietos, no podÃa estar mucho rato sin moverse. Nerviosa, muy nerviosa. Y los mismos nervios se la comieron poco a poco. Yo lo veÃa, estaba claro que sucederÃa. Ella mordÃa sus uñas. Los nervios se la comÃan a ella. Era una cadena. El pez que se muerde la cola. Ella mordÃa sus uñas, los nervios se la comieron a ella. Un dÃa, asÃ, de repente. Ã?ltimamente estaba muy delgada, “los nervios“, decÃa todo el mundo. Y asà fue, “los nervios” se la acabaron comiendo. Nunca más la volvimos a ver…
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