El invierno se fue:
Y llegó la primavera:
Enchufada hasta que la red aguante...
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Según las estadísticas, esta es la entrada 250 de este blog, lo cual no es mucho teniendo en cuenta que llevo algo más de cuatro años con él. Pero creo que un número redondo como ese, y dada la baja actividad que llevo este año en el blog, merecía la mención. Y es que aunque no lo parezca, el tiempo pasa deprisa, casi tanto como este tren:
Por eso no ha de ser extraño que escoja imágenes como esta obra de William Turner para adornar mi escritorio. Al final todo es cuestión de ritmo: rápido, lento, como sea, pero cuestión de ritmo. La vida es música
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(Escuchando: “Be Ok” – Ingrid Michaelson)
Mientras reviso otra entrada sobre libros leídos que guardo en el cajón, os dejo con el enlace al album de flickr donde he subido las fotos del increíble primer concierto que P!nk ha hecho en Barcelona, el pasado 10 de noviembre en la sala Luz de Gas. Corto pero intenso, por si alguien lo duda: alucinante.
No soporto el calor, así que siempre agradezco la llegada del otoño. Por fin parece que llega y a mí eso me alegra. Hoy además ha sido un día lluvioso y los días de lluvia me gustan, tienen algo de renovador. Pero también son días en los que tal vez sea más fácil darse a la reflexión y ya solo falta ver imágenes como esta:
Esta foto es de una bicicleta que ya vi hace semanas. La primera vez que la vi le quedaba una rueda, y ahora ni eso. Allí estaba hoy, sin ruedas y sola bajo la lluvia. ¿Quién no se ha sentido así alguna vez?
(Escuchando: For your consideration – Cathi Bruns)
No es una foto nueva, pero creo que es apropiada y para quienes no visitais mi flickr asiduamente… Además unas cuantas estrellas en el mar producidas por el reflejo del sol nunca vienen mal, ¿verdad que no?

Hace mucho que no digo nada de los libros que leo, bueno, en realidad hace mucho que no digo nada
Pero como dije en la anterior entrada, vamos a empezar bien:
Desde la última vez que mencioné lo que leía han pasado unos cuantos libros delante de mis cuatro ojos, así que vamos a comprobar si los ejercicios con el Brain Training han dado resultado y me acuerdo de algunos. (Compruebo cual fue el último que anoté por aquí… y me asusto: el 29 de enero del 2007: “84, Charing Cross Road“).
No estarán todos, pero más o menos (no incluyo libros técnicos), aunque el año pasado tampoco leí demasiado:
Sí que son pocos, sí…
Y lo que leo ahora me lo guardo para un próximo post
Y ya ha pasado Sant Jordi, una de mis celebraciones favoritas. Y este año mi momento fan lo tuve con Almudena Grandes, escritora de la que ya he hablado en alguna ocasión y a quien me alegré de poder ver entre quienes firmaban libros ayer en Barcelona. Vuelve a aumentar así mi lista de libros por leer y de momento os dejo con una foto de ese día:
Ayer día trece hizo un año que una maravilla de iMac de 20 pulgadas llegó a casa… Y ya que no lo hice en su momento, a modo de celebración, muestro aquí esta foto. Sí, ya sé que no se ve, pero digamos que es una perspectiva diferente, y es que los Mac son así, hasta sin salir de la caja son de lo más majo
En ocasiones puede existir una sensación: que cuando el sol haya acabado de esconderse todo vaya a desaparecer. Pero eso nunca es así y al final siempre quedan las luces y con ellas la velocidad, la afirmación de que nada va a parar, que cuando vuelva a comenzar el día, en realidad sólo tú te habrás detenido.
Ya la tengo, me encanta… Y ahora me toca aprender a sacarle provecho. Al final, después de la saturación de información recibida me decidí por la Canon PowerShot S3 IS. De momento no he tenido tiempo de pasearla así que aquí os dejo, con una foto casera
Un instante, sólo un momento, lo que tarda en esconderse el sol…

En este tiempo que llevo sin pasar por aquí han pasado varias cosas…
Pero como además reconozco que mi verano bloguero no ha sido muy fructífero, estoy dispuesta a pagar mi penitencia y os dejo aquí un regalo que me traje de cuando estuve en Portugalete: un arco iris. Disfrutadlo


Para eso son los domingos, ¿no?

Otra forma de ver las cosas…

Por ejemplo este:

Pisando asfalto recorrió aquella tarde la distancia suficiente como para saber que seguía sin destino. Las calles, llenas de gente abrigada e impaciente. Las carreteras saturadas de vehículos sin alma. Y sus pasos sin saber hacia donde seguir. Paró frente a algunos escaparates, pero no distinguió nunca a nadie que pareciera conocerle. Ni siquiera cuando miraba hacia los espejos. Estaba demasiado lejos de todas partes. Tal vez incluso, hasta de ella misma y volver atrás le pareció poco deseable. Pensó que sería mejor continuar el camino, aunque ya no recordara por qué lo había comenzado.

(Escuchando: “The Road to Mandalay” – Robbie Williams)
Avanzaba paso a paso, cansada, por el largo pasillo. La mirada hacia el suelo. Los hombros rendidos. Caía su alma cada vez más con cada nuevo paso. Caía toda ella con cada paso que daba. Mi presencia allí era inútil. Sólo podía observarla. Verla caer. Mi posición privilegiada. Mi sano juicio. Y su ruina. Siempre pesó sobre mí. Aquel último momento. Un último aliento. Su mano agarrándome con fuerza. Sin palabras. Pero suplicando. Arrastrando su razón como antes se había arrastrado a sí misma. Y yo, sin poder decir que no.

Escuchó la risita tonta, se giró para decirle que dejara de reírse así y le vio, señalando con su dedo hacia la maleta, riendo y señalando. Verle reír dolía. De verdad. No sólo era desagradable. Además era inútil. La risa. Su risa era inútil. Porque jamás, por muy sonora que fuera, daba la impresión de estar riendo realmente. Pero ella insistía en hacer como si así fuera. Era desagradable. Esa risa. Y nunca tenía un motivo. De repente reía y reía. Y como si estuviera controlada por un mando a distancia, paraba al cabo de unos minutos. Frenaba en seco. La risa se extinguía por completo. Pero para los demás quedaba en el aire el eco de sus aullidos. Ridículos. Inútiles. Desagradables. Como puertas chirriantes. Sin que puedieras evitar no oírlos.
