Me encantan los ocurrentes mensajes que a veces se muestran cuando algo falla. Como este de Flickr
Estás navegando por la categoría: Fotos del archivo.
Hace mucho que no digo nada de los libros que leo, bueno, en realidad hace mucho que no digo nada
Pero como dije en la anterior entrada, vamos a empezar bien:
Desde la última vez que mencioné lo que leía han pasado unos cuantos libros delante de mis cuatro ojos, así que vamos a comprobar si los ejercicios con el Brain Training han dado resultado y me acuerdo de algunos. (Compruebo cual fue el último que anoté por aquí… y me asusto: el 29 de enero del 2007: “84, Charing Cross Road“).
No estarán todos, pero más o menos (no incluyo libros técnicos), aunque el año pasado tampoco leí demasiado:
- “Viajes por el Scriptorium” de Paul Auster. Desde luego no es para nada el mejor Auster que he leído, aunque claro, “Brooklyn Follies” dejó el listón muy alto hasta para el genial Auster.
- “Las leyes de la simplicidad” de John Maeda.
- “Zen en el arte de escribir” de Ray Bradbury. Este libro se compone de once ensayos de un autor que sabe transmitir y contagia su entusiasmo por la escritura. Inspirador.
- “A de Adulterio” de Sue Grafton. No estoy segura si este lo leí el año pasado o el anterior, pero como no lo veo anotado por el blog supongo que fue en el 2007. Además tengo previsto leer próximamente “B de Bestias”, la continuación de la serie, así que lo pongo.
- Un par de relatos de una antología titulada “Cuentos policíacos” que reúne relatos de este género de diversos autores. De momento he leído “Maese Cornélius” de Honoré de Balzac y “La tragedia del señor Higginbotham” de Nathaniel Hawthorne. El segundo más divertido que el primero. Entre libro y libro continuaré leyendo cuentos de esta antología.
- “A salto de mata” de Paul Auster. De nuevo Auster, perfecto para acabar y empezar el año. Al final me quedé con las ganas de saber más y se lee solo. Empiezas y cuando te das cuenta has terminado.
Sí que son pocos, sí…
Y lo que leo ahora me lo guardo para un próximo post ![]()
Y ya ha pasado Sant Jordi, una de mis celebraciones favoritas. Y este año mi momento fan lo tuve con Almudena Grandes, escritora de la que ya he hablado en alguna ocasión y a quien me alegré de poder ver entre quienes firmaban libros ayer en Barcelona. Vuelve a aumentar así mi lista de libros por leer y de momento os dejo con una foto de ese día:
Ayer día trece hizo un año que una maravilla de iMac de 20 pulgadas llegó a casa… Y ya que no lo hice en su momento, a modo de celebración, muestro aquí esta foto. Sí, ya sé que no se ve, pero digamos que es una perspectiva diferente, y es que los Mac son así, hasta sin salir de la caja son de lo más majo ![]()
En ocasiones puede existir una sensación: que cuando el sol haya acabado de esconderse todo vaya a desaparecer. Pero eso nunca es así y al final siempre quedan las luces y con ellas la velocidad, la afirmación de que nada va a parar, que cuando vuelva a comenzar el día, en realidad sólo tú te habrás detenido.
Ya la tengo, me encanta… Y ahora me toca aprender a sacarle provecho. Al final, después de la saturación de información recibida me decidí por la Canon PowerShot S3 IS. De momento no he tenido tiempo de pasearla así que aquí os dejo, con una foto casera
Un instante, sólo un momento, lo que tarda en esconderse el sol…

En este tiempo que llevo sin pasar por aquí han pasado varias cosas…
- Me he enfadado con Jazztel, mucho, mucho, porque cogieron la maldita costumbre de dejarme sin conexión al menos una vez a la semana durante varias horas. Así que aprovecho para no recomendarles, por supuesto, que cada cual haga lo que quiera y contrate su ADSL con quien le venga en gana. Pero yo Jazztel no lo recomiendo. Y ya me extenderé otro día con esto.
- He estado unos días en Bilbao, y esa ciudad y sus alrededores sí los recomiendo. Me ha encantado, han sido unas buenas y provechosas vacaciones.
- A la vuelta (menos mal) se me estropeó la cámara de fotos y hace sólo unos meses que finalizó la garantía
- Acabé de leer Estaciones de paso de Almudena Grandes que también aprovecho para recomendar. He leído varias obras de esta autora y sin pretender que nadie me tome demasiado en serio, me atrevería a decir que su evolución es asombrosa. Esta última obra son una colección de relatos con los que resulta fácil emocionarse desde diferentes facetas y una puede reír, llorar o simplemente leer y disfrutar. Y como siempre con Almudena disfrutar de esos personajes que nos llevan a través de su memoria hacia su pasado y nos hacen sentir parte de su historia.
- Y como premio a todo esto he comenzado Brooklyn Follies del genial Paul Auster.
Pero como además reconozco que mi verano bloguero no ha sido muy fructífero, estoy dispuesta a pagar mi penitencia y os dejo aquí un regalo que me traje de cuando estuve en Portugalete: un arco iris. Disfrutadlo


Para eso son los domingos, ¿no?

Otra forma de ver las cosas…

Por ejemplo este:

Pisando asfalto recorrió aquella tarde la distancia suficiente como para saber que seguía sin destino. Las calles, llenas de gente abrigada e impaciente. Las carreteras saturadas de vehículos sin alma. Y sus pasos sin saber hacia donde seguir. Paró frente a algunos escaparates, pero no distinguió nunca a nadie que pareciera conocerle. Ni siquiera cuando miraba hacia los espejos. Estaba demasiado lejos de todas partes. Tal vez incluso, hasta de ella misma y volver atrás le pareció poco deseable. Pensó que sería mejor continuar el camino, aunque ya no recordara por qué lo había comenzado.

(Escuchando: “The Road to Mandalay” - Robbie Williams)
Avanzaba paso a paso, cansada, por el largo pasillo. La mirada hacia el suelo. Los hombros rendidos. Caía su alma cada vez más con cada nuevo paso. Caía toda ella con cada paso que daba. Mi presencia allí era inútil. Sólo podía observarla. Verla caer. Mi posición privilegiada. Mi sano juicio. Y su ruina. Siempre pesó sobre mí. Aquel último momento. Un último aliento. Su mano agarrándome con fuerza. Sin palabras. Pero suplicando. Arrastrando su razón como antes se había arrastrado a sí misma. Y yo, sin poder decir que no.

Escuchó la risita tonta, se giró para decirle que dejara de reírse así y le vio, señalando con su dedo hacia la maleta, riendo y señalando. Verle reír dolía. De verdad. No sólo era desagradable. Además era inútil. La risa. Su risa era inútil. Porque jamás, por muy sonora que fuera, daba la impresión de estar riendo realmente. Pero ella insistía en hacer como si así fuera. Era desagradable. Esa risa. Y nunca tenía un motivo. De repente reía y reía. Y como si estuviera controlada por un mando a distancia, paraba al cabo de unos minutos. Frenaba en seco. La risa se extinguía por completo. Pero para los demás quedaba en el aire el eco de sus aullidos. Ridículos. Inútiles. Desagradables. Como puertas chirriantes. Sin que puedieras evitar no oírlos.














